• Jose Peña Manjarrés

La micromovilidad no es tendencia. Llegó para quedarse

Esta es una realidad para la cual debemos avanzar en el diseño de nuestras ciudades.



Uno de los principales desafíos que vivimos diariamente, es cómo movernos en las grandes ciudades. Dentro de este contexto, se encuentra el problema de 'La última milla/kilómetro', que radica en enfrentar la realidad que tenemos la mayoría de los ciudadanos de no vivir o trabajar a poca distancia de una estación de metro o parada de autobús. Este punto impacta directamente en nuestra calidad de vida, y nos obliga a gastar gran parte de nuestro tiempo en movilización.


Este problema global no se había logrado resolver hasta la llegada de los nuevos servicios de micromovilidad compartida como los que, afortunadamente, estamos experimentando en la ciudad de Santiago con empresas como BikeSantiago (tembici), Mobike, Grin y Lime.


Sin embargo, esta llegada rápida de servicios nos ayuda a evidenciar que nuestras ciudades no están preparadas y diseñadas para facilitar la movilidad de los ciudadanos, sino que están pensadas en fortalecer la movilidad de los autos. Realidad validada con hechos como la escasez de ciclovías conectadas, la dificultad de tener el mismo servicio habilitado en diferentes comunas debido a la burocracia de los permisos municipales y detalles simples como la inseguridad que representa andar en bicicleta o scooter por el carril derecho de la calle, porque anteriormente era un carril que estaba asignado solo para los buses.


Actualmente, esto cobra mayor relevancia con el lanzamiento en Chile de la Nueva Red de Movilidad, sistema que busca mejorar el sistema público de transporte, hacerlo escalable a regiones e integrar el uso de buses, metro y metrotren. Lo que no deja de ser un buen avance, pero nos refleja que todavía estamos lejos de plantear sistemas progresivos que salgan del estándar básico e incluyan nuevas formas de trabajar eficientemente con empresas privadas que permitan integrar a la red de transporte “nuevos servicios de movilidad” con la capacidad de reducir el tráfico, entregar más opciones de movilidad en áreas desatendidas y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.


Las ciudades están cambiando disruptivamente y debemos responder a ello de forma proactiva, dejar de pensar en el ahora y pensar cómo debe ser el futuro. Como ya lo empezó a hacer la ciudad de Detroit al implementar un proyecto piloto en conjunto con Passport (empresa de Análisis de datos) y las empresas de micromovilidad con el fin de mejorar la implementación de los servicios, analizar los patrones oferta y demanda de los ciudadanos y con ello poder definir un marco regulatorio de movilidad urbana que escale a nivel nacional.


Si realmente queremos construir una mejor ciudad, un mejor país y una mejor región, ahora más que nunca hay que entender la necesidad que tenemos, como lo destaca el Foro Económico Mundial en su último estudio de Energía para Ciudades Inteligentes, de reforzar la transición de una movilidad personal y de combustible hacia una movilidad autónoma, compartida, integrada y eléctrica.


Y como toda transición, esta puede ser lenta o rápida. Históricamente hemos estado atrasados, pero puede que Red sea nuestra oportunidad para acelerar y dar el ejemplo en la implementación de un sistema de transporte moderno que impacte la forma de construir ciudades inteligentes en la era de la 4ta revolución industrial.

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