• Ignacio Bugueño Vilches

Latinoamérica debe tomar el timón en la regulación del futuro de internet

Así como en los tratados económicos buscamos instalarnos como actor relevante, también debemos hacerlo en la discusión de regulación internacional.



La regulación en materia digital es un desafío en el que un puñado de países del mundo sostienen una influencia enorme. Son los sospechosos de siempre: Estados Unidos, China y la Unión Europea. Evidentemente esto no es un fenómeno inorgánico, siendo países que jugaron un rol en darle forma a internet durante sus primeros años, y son los territorios en los que —en la práctica— la mayoría de nuestra información está almacenada.


Y esto último es relevante mientras avanzamos hacia un verdadero estándar mundial en materia de privacidad y protección de datos. El ejemplo más claro es la regulación general de protección de datos (GDPR), la norma europea que tantos dolores de cabeza ha dado a Google, Facebook y Microsoft. Si bien es una ley promulgada a miles de kilómetros de nuestro Congreso, su efecto trasciende al nivel de ser más importante para los chilenos que muchas leyes que son aprobadas en nuestro propio país.


Tiene sentido, hoy que se legisla con amplia consideración del multilateralismo y la apertura global, una política que ha sido tremendamente favorable para el desarrollo de la economía local. Pero a diferencia de lo que se hace en materia tecnológica, hemos sido activos actores en las regulaciones económicas, normalmente siendo parte de la discusión e incluso como autores, tal como hoy es Chile el impulsor del TPP tras la salida de Estados Unidos del tratado.


En tecnología, en cambio, solo legislamos cuando se nos impone por organismos, como la OCDE, o respondiendo a la contingencia, como la ley contra la difusión de imágenes sin consentimiento en Chile. Esto produce que efectivamente sean otros los que definan las reglas por nosotros en materia digital.


Llegó el momento de que comencemos a legislar de manera proactiva, en temas de privacidad, protección de datos y propiedad intelectual en internet, necesitamos ser una voz, pequeña pero persistente en la discusión. Necesitamos que se sumen más estados a la discusión y, como el CEO de Microsoft Satya Nadella lo señaló en una oportunidad:

“Tal como la electricidad, que fue democratizada, hecha disponible, y ha empujado el crecimiento económico y productividad y crecimiento en la anterior revolución industrial. Lo mismo debe pasar con los datos. Tenemos que pensar los datos como un derecho humano, y la privacidad como un derecho humano”

Y como cualquier derecho humano, su regulación debe hacerse con la participación más diversa posible, con representación universal, y con efecto universal. Pero no podemos dejar que los detalles sean decididos por otros. Latinoamérica debe tomar el timón, y ser una voz activa en la discusión. Latinoamérica debe impulsar la discusión de los derechos y deberes en la cuarta revolución industrial.

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